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Análisis sobre bullying en adolescentes en el Perú  

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RACOICO
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29/01/2020 5:55 pm  

Estado de la cuestión acerca del bullying por discriminación en adolescentes peruanos en los últimos diez años

Autores: 1)Rodrigo Alexander Coico Sierra 2) Maria Alejandra Ramirez

Filiación: 1 Escuela de Medicina, Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) 2 Escuela de Medicina, Universidad Ricardo Palma (URP)

contacto: rodrigocoicomd@gmail.com

¿Existirá la discriminación por bullying  actualmente en nuestro país? ¿Habrá mejorado esta situación en los últimos años? La respuesta a estas preguntas parece no dar un resultado en absoluto alentador en nuestro contexto, sino todo lo contrario. Durante la etapa escolar, surgen diversos conflictos entre adolescentes como parte normal de la convivencia entre personas diferentes. Sin embargo, cuando se manifiestan problemas entre pares que provocan un inadecuado o malsano desarrollo de los adolescentes, es ahí donde se habla de un caso de intimidación escolar.[1]

La intimidación por discriminación o llamada también “bullying, ha sido definido por Cerezo (2010) como el maltrato de un compañero a otro, que se da de manera repetida e intencional sin ser provocado, de forma física o emocional. Algunas de estas formas son las burlas, insultos, amenazas, acoso sexual, exclusión del grupo de amigos, murmuraciones, rumores y manipulación de amistades, así como puntapiés, empujones, atropellos y golpes, causando en el compañero pena, dolor, angustia, incomodidad y/o temor.[2]

En el Perú, el bullying puede ser encontrado en el día a día en las escuelas, lugar en el cual los individuos se convierten en el objetivo de ataques recurrentes por sus características físicas, ya sea por el tamaño, peso, color de piel, color de cabello, entre otros, lo que colocan al individuo en un marco racial determinado. Dicho acoso escolar es considerado un gran problema en la actualidad debido a la enorme cantidad de víctimas que sufren de constante maltrato físico y verbal, siendo este último tipo de maltrato el que provoca, en muchos casos, graves efectos en el sujeto a corto y largo plazo. Existen según Jose Antonio Oñederra (2008), cuatro formas de maltrato.

En primer lugar está el físico, que puede ser directo o indirecto. El directo abarca agresiones contra el cuerpo, tales como pegar, empujar. El indirecto, que abarca agresiones contra la propiedad, ya sea robar o romper las pertenencias del individuo agredido. En segundo lugar, se encuentra el maltrato verbal, el cual es la forma más frecuente e implica insultos, burlas, calumnias, etc. En tercer lugar, el maltrato psicológico donde minan la autoestima del agredido y crean un ambiente de inseguridad y temor. Por último, el social, en donde aíslan al individuo del grupo. Asimismo, actualmente se han creado nuevas formas de maltrato, así es como el uso de las nuevas tecnologías de información y los medios de comunicación como el internet, se ha abierto paso al cyberbullying, el cual es una forma de acoso indirecto y habitualmente anónimo, donde comparten las grabaciones de agresiones fisicas hechas a las víctima. Del mismo modo los agresores no se conforman con el maltrato hecho en las aulas, sino que también hacen publican comentarios hirientes hacia esa persona, sólo con el fin de menospreciarla, esto  se denomina “Happy slapping”. (Oñederra 2008:11)

Al analizar la situación dada en un contexto real y fidedigno, tomando en cuenta el gran número de las víctimas que son agredidas frecuentemente por largos periodos de tiempo, se puede plantear la siguiente pregunta: ¿Qué efectos psicológicos causa el bullying en los adolescentes durante la etapa escolar? Nuestro objetivo principal es dar a conocer a los padres, profesores y adultos en general que este problema no puede tomarse a la ligera, que trae consecuencias graves en la personalidad y las actitudes del púber que afectan su desarrollo, sus habilidades sociales y crecimiento personal en general. Lima Azurdia (2007) explica la gran influencia escolar sobre la autoestima aclarando lo siguiente:

“(…) La autovaloración es la causa directa del éxito o fracaso de una persona, cuando un estudiante tiene alta autoestima es capaz de enfrentar los fracasos y problemas que sobrevengan, porque dispone dentro de sí la fuerza interior necesaria para reaccionar positivamente ante una sacudida en la propia historia busca la superación de los obstáculos. Los compañeros de clase ejercen una gran influencia en la configuración de la autoimagen puesto que los niños son muy sensibles a las críticas y tiendan a deprimirse o a proyectarlo en sus relaciones socio afectivas y cognitivas.” (Azurdia 2007:47)

 

A lo largo del texto citaremos a distintos autores, quienes son los pilares clave para nuestra investigación. En primer lugar, Vivian Landázuri muestra como se asocia el rol del agresor y el rol de la víctima con respecto a la autoestima, aspectos psicológicos y sociales que pueden parecerse o por el contrario, en donde puedan encontrarse las diferencias más notorias entre el agresor y la víctima, como en la baja autoestima o en el déficit de habilidades sociales. Así también, Isabel Amemiya, Miguel Oliveros y Armando Barrientos aportan con un estudio de los factores de riesgo de violencia escolar severa, encontrando de esta manera la importancia de detectar precozmente estos factores de riesgo, debido al gran daño a nivel psicológico del adolescente. De esta manera, hacen hincapié en la necesidad de profundizar el conocimiento de este gran problema.

Existen rasgos bastante definidos que caracterizan a los sujetos que serían objeto de las agresiones y a aquellos que las perpetrarían en la dinámica del bullying. Por un lado, el perfil psicológico de la víctima, la describe como una persona sobreprotegida, emocionalmente insegura, con pobres habilidades sociales, introvertida, ansiosa y con tendencia depresiva. Además, se muestran tímidos y reservados con sus pares y tienen baja aceptación entre sus iguales, pero llevan una mejor relación con los profesores. (Olweus; Ortega & Mora; Cerezo en Landázuri 2007: 72-73). Por otro lado, el perfil psicológico del agresor lo muestra como un individuo extrovertido, de carácter impulsivo y belicoso, falto de sentimiento de culpabilidad y escasa empatía, remiso a obedecer normas y con necesidad y sometimiento de quienes considera son menos que él. (Cerezo; Avilés; Olweus en Landázuri 2007: 73) Asimismo, aunque Jorge Castro Morales (2011) hace notar las mismas características con tendencia al a la violencia, él sugiere que los agresores se encuentran en una situación social de rechazo por parte de sus compañeros al igual que las víctimas del bullying. Pero a diferencia de los abusados, estos cuentan con amigos que imitan sus actos violentos, por lo que su estado de aislamiento en el grupo será menor.

Es importante mencionar que existen muchos otros aspectos que inciden en la aparición del bullying, por eso es considerado un fenómeno de carácter multifactorial. En primer lugar, se encuentra la importancia de la familia, ya que es el primer espacio del individuo en el cual aprende conductas de interrelación. Cuando el adolescente percibe violencia en su hogar aprende a ver a la violencia como un suceso que permite distinguir a las personas entre víctimas y agresores. (Castro 2011: 244) Cabe señalar que se ha encontrado un vínculo entre las relaciones familiares, los roles de victimarios y agredidos. Los adolescentes que presencian dificultades o división familiar  tienden a presentar conductas violentas; mientras que los adolescentes que viven en un ambiente sobreprotector tienden a hacer de víctimas. (Landázuri 2007: 73)

En segundo lugar, los medios de comunicación, que son considerados una de las principales fuentes que exponen a las personas a la violencia y causantes de esta en niños y jóvenes. Esto se debe a que los adolescentes se vuelven aprendices pasivos de modelos de violencia debido a la gran cantidad de noticias en televisión e internet, por nombrar a los principales, e incorporan conductas agresivas, que de no ser puestas en juicio por el adolescente al momento de relacionarse con los demás, es probable que se imiten. (Castro 2011:74; Aguilar 2007:24)

En tercer lugar, el clima del entorno escolar, ya que los estudiantes se desenvuelven y desarrollan sus habilidades sociales en los centros educativos, y estos deben velar por el correcto crecimiento de los educandos. Esto va correlacionado al sistema de valores que posea la institución y a su grado de participación con los alumnos. Una escuela en donde las denuncias de casos de bullying estén desatendidas significa que los valores que sostiene impiden frenar la violencia entre compañeros, ya que se vuelve imperceptible. Sin embargo, una institución educativa que detente un conjunto de valores cuya base sea el respeto y la convivencia en armonía imposibilita que el bullying continúe su crecimiento en las escuelas. (Aguilar 2007:23)

Y por último, la relación alumno-profesor, en la que usualmente se señala que los maestros crean expectativas con respecto a los alumnos, determinando quiénes serán buenos y quiénes malos. Esto propicia que sólo el grupo de alumnos que el docente fijo como bueno reciba refuerzos positivos constantes, como incentivar su participación o elogiarlos. Mientras que los alumnos de los que el profesor no esperó resultados, reciben críticas frecuentes, lo cual ocasiona un deterioro en la motivación de este último grupo y que se cree un clima conflictivo entre los estudiantes. (Castro 2011:74; Aguilar 2007:23)

¿Cómo saber cuando un niño o niña es víctima de bullying? ¿Cuáles son los aspectos que lo determinan? Oñederra (2008) explica que habitualmente ellos no le cuentan a los adultos por lo que estan pasando, pero presentan conductas de miedo y evitación, por ejemplo, esperan que no haya nadie entrar o salir de su centro educativo, faltan a clases constantemente (actitud que antes de haber comenzado el maltrato no sucedía), se aísla de sus compañeros, pasa más tiempo en casa que en el colegio o socializando con sus amigos. Además, presenta conductas públicas que expresan la inseguridad que siente implícitamente, ya que busca estar siempre cerca de los profesores durante los recreos, busca amistad con niños de menor edad y tiene dificultades al momento de concentrarse y  atender las clases. Asi también, se encuentra en un estado de nerviosismo constante, dolores de cabeza, estómago, pérdida de apetito, vómitos, tartamudeo, malestar generalizado, pesadillas en las noches, etc. Usualmente le faltan sus cosas nuevas como útiles escolares, esconden su material de trabajo,  se queda sin comida de su lonchera y hace la tarea de otros. Presenta señales de agresión física,  por ejemplo regresa a casa con la ropa rota, talvez algunos hematomas en la piel, se pueden encontrar notas con insultos, difamaciones y pintadas en el colegio o en los alrededores del domicilio del adolescente.   Por otro lado, el agresor, se comporta usualmente agresivo con los miembros de su familia, no toma en cuenta los derechos de los demás, trata de imponerse frente a sus compañeros utilizando la agresividad verbal, física o psicológica. (Oñederra 2008:23-9)

Como es de suponer, en esta dinámica del bullying se tiene lugar a efectos inmediatos y a largo plazo en las personas involucradas, que inciden directamente sobre el correcto desarrollo de las personas partícipes, tanto en agresores y víctimas como en los espectadores. No es raro esperar que los efectos más definidos se encuentren en las víctimas de acoso escolar. A nivel psíquico y conductual, el maltrato recurrente genera en los abusados un  cuadro de estrés postraumático, el cual ocasiona cambios permanentes en el adolescente. Tales como sentimientos de miedo e inseguridad en sí mismos, origina actitudes sumisas y de aislamiento, ocasiona un deterioro de la autoestima y pérdida de confianza en los demás[3],[4]. Con lo cual vuelve a la persona más propensa a ser víctima de abusos en su vida futura. (Oliveros, et al 2008)

Entre las muchas consecuencias en el adolescente agredido, José Antonio Oñederra (2008), menciona el bajo rendimiento académico, es decir el fracaso en la escuela, una negativa a acudir a ella, baja popularidad, muestra baja responsabilidad en sus actividades diarias y escolares, baja actividad y baja eficacia, del mismo modo es rechazado socialmente. En el aspecto psicológico, presenta ansiedad, depresión, terror y pánico constante. Además de distimia, la cual se define según MedlinePlus (2012) como un tipo crónico de depresión, en el cual los estados de ánimo de una persona están regularmente bajos. El agredido tiene un concepto negativo de su persona, baja autoestima, autodesprecio, inseguridad y alteraciones en sus actos, presenta conductas de evitación, introversión, timidez, aislamiento social y soledad. (Oñederra 2008:19)

De igual modo, la dinámica del bullying genera en los victimarios que se cree un refuerzo sobre las conductas violentas como medio que otorga el reconocimiento de sus pares; conductas agresivas, antisociales y delictivas; falta de sentimiento de culpa, responsabilidad, autocrítica y actitudes irascibles e impulsivas3. Además, en los observadores del fenómeno se originan sentimientos de miedo por ser una víctima potencial de agresiones, se reduce la empatía y colabora con la desensibilización con respecto a los problemas de las otras personas.[5] Ahora bien, también se puede observar que genera consecuencias a nivel académico-estudiantil. En las víctimas, agresores y observadores se provoca un desinterés por los estudios y presentan dificultades de concentración debido a múltiples factores de su situación en la escuela; más aún, pueden generar un gran rechazo hacia su institución educativa por ser el lugar donde suceden las agresiones y donde, irónicamente, se encuentran más vulnerables. Es importante resaltar que el déficit de normas que fomenten la buena convivencia y  la ausencia de reglas contra violencia en los colegios, son factores claves para el desarrollo del bullying en las aulas, según Khoury-Kassabri, Benbenishty & Avi (2005):

“Los colegios con mayor número de alumnos por clase se asociaron con mayor índice de intimidación. Se encontró menos intimidación en colegios con normas, reglas y políticas contra la violencia, elaboradas en conjunto con los profesores y alumnos, y donde ambos grupos intervienen en programas contra la violencia. El tamaño del colegio no se asoció con la victimización”. (Khoury-Kassabri; Benbenishty & Avi en Lanzázuri 2007:73)

 

Así también, Oliveros, et al (2009) propone que el bullying contribuye al ausentismo escolar y que los horarios donde ocurre la intimidación es en aquellos espacios menos supervisados por las autoridades de la institución. Por el contrario, un ambiente en el que prime la cordialidad y las buenas relaciones ofrece un futuro prometedor para el alumno durante su etapa en la institución educativa y a lo largo de su vida. Tal y como lo describe Melchor Gutiérrez[6] y Tito-Olavo Gonçalves (2013):

 

“Según Negru y Baban (2009), la satisfacción con la escuela se encuentra asociada con un incremento global de la salud y la satisfacción con la vida. Samdal, Dur y Freeman (2004) ponen de relieve que los estudiantes que informan de elevados niveles de satisfacción con la escuela, también informan de autoevaluaciones positivas y altos niveles de bienestar subjetivo. Por ello, de acuerdo con Oberle, Schonert-Reichl y Zumbo (2011), dado que el bienestar subjetivo ha sido identificado como un factor asociado con el crecimiento positivo, es importante incrementar la comprensión de la satisfacción con la vida en adolescentes porque permite a los investigadores relacionar el bienestar con características como el ajuste escolar, constructo que consiste en aspectos como logro académico, compromiso con la escuela, conducta pro social y relaciones positivas con los compañeros y profesores, tal como señalan Kiuru, Numi, Aunola y Salmela-Aro (2009).” (Gutiérrez, Gonçalves 2013:341)

 

Dicho de otro manera, durante la etapa escolar, los niños y jóvenes atraviesan por un proceso de desarrollo mental y cognitivo, y es de suma importancia que el ambiente en el cual se desenvuelven tenga un clima óptimo para su correcto proceso de maduración. Si fuera lo contrario, solo se impediría lograr un crecimiento cognoscitivo y social adecuado. Debido a esto se podría presumir que el bullying dentro de la escuela forma parte de uno de los problemas medulares del sistema educativo que influye en la expectativa de satisfacción en la vida.

 

Del mismo modo en que afecta los comportamientos de quien es víctima de bullying, la mala percepción de sí mismo en relación con los demás y su incapacidad de valorización personal son encontrados factores de riesgo en pensamientos suicidas[7]. Esto se suma a la pérdida de confianza en otras personas, lo que evidencia, en muchos casos, que el adolescente víctima no percibe ningún tipo de apoyo por parte de familiares ni amigos, aunque hayan tenido un intento de intervención en este fenómeno[8], lo cual propicia sentimientos de desolación el la víctima cuando el hostigamiento escolar alcanza límites. Esto se denota claramente en un estudio realizaron por Cano, Gutiérrez, Nizama (2009) en adolescentes escolares en una ciudad de la Amazonía peruana y se obtuvo datos que indican el 33,6% de los adolescentes muestra presentó pensamientos suicidas, el 21,1% pensó algunas vez en acaba con su vida y el 18,1% ya había intentado suicidarse. Estas cifras, si bien representan solo a los casos de ideación suicida en un sector específico de la ciudad de Pulcallpa en Perú, hacen presente que el bullying se encuentra en un porcentaje nada despreciable en los adolescentes peruanos, por lo que sugiere un gran riesgo dentro de las instituciones educativas debido a los alcances que tiene el bullying en la vida en un espectro de tiempo corto, mediano y largo plazo.

 

En síntesis, se concluye que la dinámica del bullying genera graves consecuencias psicológicas durante la etapa escolar a los adolescentes. Pero no solo para la víctima, como se suele creer, sino también para los agresores y los espectadores inmersos. i) En los abusados se producen sentimientos negativos, tales como temor, desprecio por sí mismos, inseguridad, entre otros. Los que siempre los colocarán en la situación de víctimas. ii) Los agresores aprenderán de la violencia una forma de obtener lo que desean y continuarán sus conductas matonescas, lo cual le traerá dificultad para establecer relaciones sociales saludables. iii) En los observadores se crean sentimientos de desinterés y falta de empatía, por lo que se mostraran indiferentes a distintas situaciones injustas. Estas consecuencias que se originaron por distintos factores en la vida de los adolescentes los acompañarán a lo largo de su vida y repercutirá en su correcto desenvolvimiento interpersonal.

 

Sin lugar a dudas, este trabajo conjunto tiene un gran valor, debido a la gravedad de este problema que está presente en nuestro país y se ha intensificado en los últimos años. Es imprescindible dar a conocer a las personas,  padres de familia y educadores en general, el gran problema que el bullying implica, la necesidad de la creación de normas de buena convivencia y políticas antiviolencia que sean acatadas por todo el  alumnado, ya que según se ha demostrado en la práctica, la intervención de las autoridades escolares frena el desarrollo del bullying hacia las víctimas de intimidación. Para que de esta manera se pueda reducir al mínimo las posibilidades de situaciones desfavorables en su vida académica y aumentar las probabilidades de que sea un sujeto proactivo en la sociedad.

 

En base a lo investigado, se puede plantear como hipótesis que las víctimas de bullying constante arrastrarán las consecuencias psicológicas producto del maltrato, dichos problemas que fueron adquiridos en su adolescencia y que repercuten en su correcto desarrollo como futuro ciudadano, en el núcleo familiar y en el de la sociedad, volviéndose tal vez un individuo receloso o una persona violenta. Concluida nuestra investigación, es necesario plantearse nuevas preguntas: i) ¿Cómo debería el Estado peruano implementar programas o normas específicas para frenar el bullying en las instituciones educativas en la actualidad? ii) ¿Cuáles serían las consecuencias para los hijos de padres que fueron víctimas de bullying durante la adolescencia?

 

[1] Cfr. Landázuri 2007:71

[2] Cfr. Cerezo 2010: 335-36

[3] Cfr. Hekademus 2009

[4] Cfr. Aguilar 2008

[5] Cfr. Hekademus 2009

[6]  Pertenece al Departamento de Psicología Evolutiva y Educación de la Facultad de Psicología en la Universidad de Valencia en España.

[7] Cfr. Joffre et al 2011:201

[8] Cfr. Joffre et al 2011:201

BIBLIOGRAFÍA

AGUILAR, Tomás (2007) Bullying. Factores de riesgo y consecuencias clínicas
(Fecha de consulta: 9 de noviembre de 2013) 

CASTRO, Jorge (2011) Acoso escolar, pp. 242-249. En: rev. Neuropsiquiatr,
vol.74, N° 2

CEREZO, Fuensanta (2001) Variables de personalidad asociadas en la dinámica
bullying (agresores versus víctimas) en niños y niñas de 10 a 15 años, pp. 37-43.
En: Anales de psicología, vol.17, N°1.

CEREZO, Fuensanta (2006) Violencia y victimización entre escolares. El bullying: estrategias de identificación y elementos para la intervención a través del Test Bull-S, pp. 333-352. En: Revista Electrónica de Investigación Psicoeducativa N°9, vol. 4, N°2.

JOFFRE, Víctor y otros (2011) Bullying en alumnos de secundaria. Características generales y factores asociados al riesgo, pp.193-202. En: boletín Médico del Hospital infantil de México, vol. 68, N°3

LANDÁZURI, Vivian (2007) Asociación entre el rol del agresor y el rol de la víctima de intimidación escolar, con la autoestima y las habilidades sociales de
adolescentes de un colegio particular mixto de lima, pp. 71-80. En: Rev. Psicol.
Herediana, vol. 2, N°2.

MELGAR, Mónica (2009) Identificación, reacción y prevención del acoso escolar, pp.38-47. En: Rev. Hekademus, vol. 2, N° 4. OLIVEROS, Miguel (2008) Violencia escolar (bullying) en colegios estatales de primaria en el Perú, pp. 215-220. En: Revista peruana de pediatría, vol.61, N°4.

OÑEDERRA, José (2008) Bullying: concepto, causas, consecuencias y estudios
epidemiológicos (Fecha de consulta: 9 de noviembre de 2013)

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15/10/2020 9:07 am  
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Estado de la cuestión acerca del bullying por discriminación en adolescentes peruanos en los últimos diez años

Autores: 1)Rodrigo Alexander Coico Sierra 2) Maria Alejandra Ramirez

Filiación: 1 Escuela de Medicina, Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) 2 Escuela de Medicina, Universidad Ricardo Palma (URP)

contacto: rodrigocoicomd@gmail.com

¿Existirá la discriminación por bullying  actualmente en nuestro país? ¿Habrá mejorado esta situación en los últimos años? La respuesta a estas preguntas parece no dar un resultado en absoluto alentador en nuestro contexto, sino todo lo contrario. Durante la etapa escolar, surgen diversos conflictos entre adolescentes como parte normal de la convivencia entre personas diferentes. Sin embargo, cuando se manifiestan problemas entre pares que provocan un inadecuado o malsano desarrollo de los adolescentes, es ahí donde se habla de un caso de intimidación escolar.[1]

La intimidación por discriminación o llamada también “bullying, ha sido definido por Cerezo (2010) como el maltrato de un compañero a otro, que se da de manera repetida e intencional sin ser provocado, de forma física o emocional. Algunas de estas formas son las burlas, insultos, amenazas, acoso sexual, exclusión del grupo de amigos, murmuraciones, rumores y manipulación de amistades, así como puntapiés, empujones, atropellos y golpes, causando en el compañero pena, dolor, angustia, incomodidad y/o temor.[2]

En el Perú, el bullying puede ser encontrado en el día a día en las escuelas, lugar en el cual los individuos se convierten en el objetivo de ataques recurrentes por sus características físicas, ya sea por el tamaño, peso, color de piel, color de cabello, entre otros, lo que colocan al individuo en un marco racial determinado. Dicho acoso escolar es considerado un gran problema en la actualidad debido a la enorme cantidad de víctimas que sufren de constante maltrato físico y verbal, siendo este último tipo de maltrato el que provoca, en muchos casos, graves efectos en el sujeto a corto y largo plazo. Existen según Jose Antonio Oñederra (2008), cuatro formas de maltrato.

En primer lugar está el físico, que puede ser directo o indirecto. El directo abarca agresiones contra el cuerpo, tales como pegar, empujar. El indirecto, que abarca agresiones contra la propiedad, ya sea robar o romper las pertenencias del individuo agredido. En segundo lugar, se encuentra el maltrato verbal, el cual es la forma más frecuente e implica insultos, burlas, calumnias, etc. En tercer lugar, el maltrato psicológico donde minan la autoestima del agredido y crean un ambiente de inseguridad y temor. Por último, el social, en donde aíslan al individuo del grupo. Asimismo, actualmente se han creado nuevas formas de maltrato, así es como el uso de las nuevas tecnologías de información y los medios de comunicación como el internet, se ha abierto paso al cyberbullying, el cual es una forma de acoso indirecto y habitualmente anónimo, donde comparten las grabaciones de agresiones fisicas hechas a las víctima. Del mismo modo los agresores no se conforman con el maltrato hecho en las aulas, sino que también hacen publican comentarios hirientes hacia esa persona, sólo con el fin de menospreciarla, esto  se denomina “Happy slapping”. (Oñederra 2008:11)

Al analizar la situación dada en un contexto real y fidedigno, tomando en cuenta el gran número de las víctimas que son agredidas frecuentemente por largos periodos de tiempo, se puede plantear la siguiente pregunta: ¿Qué efectos psicológicos causa el bullying en los adolescentes durante la etapa escolar? Nuestro objetivo principal es dar a conocer a los padres, profesores y adultos en general que este problema no puede tomarse a la ligera, que trae consecuencias graves en la personalidad y las actitudes del púber que afectan su desarrollo, sus habilidades sociales y crecimiento personal en general. Lima Azurdia (2007) explica la gran influencia escolar sobre la autoestima aclarando lo siguiente:

“(…) La autovaloración es la causa directa del éxito o fracaso de una persona, cuando un estudiante tiene alta autoestima es capaz de enfrentar los fracasos y problemas que sobrevengan, porque dispone dentro de sí la fuerza interior necesaria para reaccionar positivamente ante una sacudida en la propia historia busca la superación de los obstáculos. Los compañeros de clase ejercen una gran influencia en la configuración de la autoimagen puesto que los niños son muy sensibles a las críticas y tiendan a deprimirse o a proyectarlo en sus relaciones socio afectivas y cognitivas.” (Azurdia 2007:47)

 

A lo largo del texto citaremos a distintos autores, quienes son los pilares clave para nuestra investigación. En primer lugar, Vivian Landázuri muestra como se asocia el rol del agresor y el rol de la víctima con respecto a la autoestima, aspectos psicológicos y sociales que pueden parecerse o por el contrario, en donde puedan encontrarse las diferencias más notorias entre el agresor y la víctima, como en la baja autoestima o en el déficit de habilidades sociales. Así también, Isabel Amemiya, Miguel Oliveros y Armando Barrientos aportan con un estudio de los factores de riesgo de violencia escolar severa, encontrando de esta manera la importancia de detectar precozmente estos factores de riesgo, debido al gran daño a nivel psicológico del adolescente. De esta manera, hacen hincapié en la necesidad de profundizar el conocimiento de este gran problema.

Existen rasgos bastante definidos que caracterizan a los sujetos que serían objeto de las agresiones y a aquellos que las perpetrarían en la dinámica del bullying. Por un lado, el perfil psicológico de la víctima, la describe como una persona sobreprotegida, emocionalmente insegura, con pobres habilidades sociales, introvertida, ansiosa y con tendencia depresiva. Además, se muestran tímidos y reservados con sus pares y tienen baja aceptación entre sus iguales, pero llevan una mejor relación con los profesores. (Olweus; Ortega & Mora; Cerezo en Landázuri 2007: 72-73). Por otro lado, el perfil psicológico del agresor lo muestra como un individuo extrovertido, de carácter impulsivo y belicoso, falto de sentimiento de culpabilidad y escasa empatía, remiso a obedecer normas y con necesidad y sometimiento de quienes considera son menos que él. (Cerezo; Avilés; Olweus en Landázuri 2007: 73) Asimismo, aunque Jorge Castro Morales (2011) hace notar las mismas características con tendencia al a la violencia, él sugiere que los agresores se encuentran en una situación social de rechazo por parte de sus compañeros al igual que las víctimas del bullying. Pero a diferencia de los abusados, estos cuentan con amigos que imitan sus actos violentos, por lo que su estado de aislamiento en el grupo será menor.

Es importante mencionar que existen muchos otros aspectos que inciden en la aparición del bullying, por eso es considerado un fenómeno de carácter multifactorial. En primer lugar, se encuentra la importancia de la familia, ya que es el primer espacio del individuo en el cual aprende conductas de interrelación. Cuando el adolescente percibe violencia en su hogar aprende a ver a la violencia como un suceso que permite distinguir a las personas entre víctimas y agresores. (Castro 2011: 244) Cabe señalar que se ha encontrado un vínculo entre las relaciones familiares, los roles de victimarios y agredidos. Los adolescentes que presencian dificultades o división familiar  tienden a presentar conductas violentas; mientras que los adolescentes que viven en un ambiente sobreprotector tienden a hacer de víctimas. (Landázuri 2007: 73)

En segundo lugar, los medios de comunicación, que son considerados una de las principales fuentes que exponen a las personas a la violencia y causantes de esta en niños y jóvenes. Esto se debe a que los adolescentes se vuelven aprendices pasivos de modelos de violencia debido a la gran cantidad de noticias en televisión e internet, por nombrar a los principales, e incorporan conductas agresivas, que de no ser puestas en juicio por el adolescente al momento de relacionarse con los demás, es probable que se imiten. (Castro 2011:74; Aguilar 2007:24)

En tercer lugar, el clima del entorno escolar, ya que los estudiantes se desenvuelven y desarrollan sus habilidades sociales en los centros educativos, y estos deben velar por el correcto crecimiento de los educandos. Esto va correlacionado al sistema de valores que posea la institución y a su grado de participación con los alumnos. Una escuela en donde las denuncias de casos de bullying estén desatendidas significa que los valores que sostiene impiden frenar la violencia entre compañeros, ya que se vuelve imperceptible. Sin embargo, una institución educativa que detente un conjunto de valores cuya base sea el respeto y la convivencia en armonía imposibilita que el bullying continúe su crecimiento en las escuelas. (Aguilar 2007:23)

Y por último, la relación alumno-profesor, en la que usualmente se señala que los maestros crean expectativas con respecto a los alumnos, determinando quiénes serán buenos y quiénes malos. Esto propicia que sólo el grupo de alumnos que el docente fijo como bueno reciba refuerzos positivos constantes, como incentivar su participación o elogiarlos. Mientras que los alumnos de los que el profesor no esperó resultados, reciben críticas frecuentes, lo cual ocasiona un deterioro en la motivación de este último grupo y que se cree un clima conflictivo entre los estudiantes. (Castro 2011:74; Aguilar 2007:23)

¿Cómo saber cuando un niño o niña es víctima de bullying? ¿Cuáles son los aspectos que lo determinan? Oñederra (2008) explica que habitualmente ellos no le cuentan a los adultos por lo que estan pasando, pero presentan conductas de miedo y evitación, por ejemplo, esperan que no haya nadie entrar o salir de su centro educativo, faltan a clases constantemente (actitud que antes de haber comenzado el maltrato no sucedía), se aísla de sus compañeros, pasa más tiempo en casa que en el colegio o socializando con sus amigos. Además, presenta conductas públicas que expresan la inseguridad que siente implícitamente, ya que busca estar siempre cerca de los profesores durante los recreos, busca amistad con niños de menor edad y tiene dificultades al momento de concentrarse y  atender las clases. Asi también, se encuentra en un estado de nerviosismo constante, dolores de cabeza, estómago, pérdida de apetito, vómitos, tartamudeo, malestar generalizado, pesadillas en las noches, etc. Usualmente le faltan sus cosas nuevas como útiles escolares, esconden su material de trabajo,  se queda sin comida de su lonchera y hace la tarea de otros. Presenta señales de agresión física,  por ejemplo regresa a casa con la ropa rota, talvez algunos hematomas en la piel, se pueden encontrar notas con insultos, difamaciones y pintadas en el colegio o en los alrededores del domicilio del adolescente.   Por otro lado, el agresor, se comporta usualmente agresivo con los miembros de su familia, no toma en cuenta los derechos de los demás, trata de imponerse frente a sus compañeros utilizando la agresividad verbal, física o psicológica. (Oñederra 2008:23-9)

Como es de suponer, en esta dinámica del bullying se tiene lugar a efectos inmediatos y a largo plazo en las personas involucradas, que inciden directamente sobre el correcto desarrollo de las personas partícipes, tanto en agresores y víctimas como en los espectadores. No es raro esperar que los efectos más definidos se encuentren en las víctimas de acoso escolar. A nivel psíquico y conductual, el maltrato recurrente genera en los abusados un  cuadro de estrés postraumático, el cual ocasiona cambios permanentes en el adolescente. Tales como sentimientos de miedo e inseguridad en sí mismos, origina actitudes sumisas y de aislamiento, ocasiona un deterioro de la autoestima y pérdida de confianza en los demás[3],[4]. Con lo cual vuelve a la persona más propensa a ser víctima de abusos en su vida futura. (Oliveros, et al 2008)

Entre las muchas consecuencias en el adolescente agredido, José Antonio Oñederra (2008), menciona el bajo rendimiento académico, es decir el fracaso en la escuela, una negativa a acudir a ella, baja popularidad, muestra baja responsabilidad en sus actividades diarias y escolares, baja actividad y baja eficacia, del mismo modo es rechazado socialmente. En el aspecto psicológico, presenta ansiedad, depresión, terror y pánico constante. Además de distimia, la cual se define según MedlinePlus (2012) como un tipo crónico de depresión, en el cual los estados de ánimo de una persona están regularmente bajos. El agredido tiene un concepto negativo de su persona, baja autoestima, autodesprecio, inseguridad y alteraciones en sus actos, presenta conductas de evitación, introversión, timidez, aislamiento social y soledad. (Oñederra 2008:19)

De igual modo, la dinámica del bullying genera en los victimarios que se cree un refuerzo sobre las conductas violentas como medio que otorga el reconocimiento de sus pares; conductas agresivas, antisociales y delictivas; falta de sentimiento de culpa, responsabilidad, autocrítica y actitudes irascibles e impulsivas3. Además, en los observadores del fenómeno se originan sentimientos de miedo por ser una víctima potencial de agresiones, se reduce la empatía y colabora con la desensibilización con respecto a los problemas de las otras personas.[5] Ahora bien, también se puede observar que genera consecuencias a nivel académico-estudiantil. En las víctimas, agresores y observadores se provoca un desinterés por los estudios y presentan dificultades de concentración debido a múltiples factores de su situación en la escuela; más aún, pueden generar un gran rechazo hacia su institución educativa por ser el lugar donde suceden las agresiones y donde, irónicamente, se encuentran más vulnerables. Es importante resaltar que el déficit de normas que fomenten la buena convivencia y  la ausencia de reglas contra violencia en los colegios, son factores claves para el desarrollo del bullying en las aulas, según Khoury-Kassabri, Benbenishty & Avi (2005):

“Los colegios con mayor número de alumnos por clase se asociaron con mayor índice de intimidación. Se encontró menos intimidación en colegios con normas, reglas y políticas contra la violencia, elaboradas en conjunto con los profesores y alumnos, y donde ambos grupos intervienen en programas contra la violencia. El tamaño del colegio no se asoció con la victimización”. (Khoury-Kassabri; Benbenishty & Avi en Lanzázuri 2007:73)

 

Así también, Oliveros, et al (2009) propone que el bullying contribuye al ausentismo escolar y que los horarios donde ocurre la intimidación es en aquellos espacios menos supervisados por las autoridades de la institución. Por el contrario, un ambiente en el que prime la cordialidad y las buenas relaciones ofrece un futuro prometedor para el alumno durante su etapa en la institución educativa y a lo largo de su vida. Tal y como lo describe Melchor Gutiérrez[6] y Tito-Olavo Gonçalves (2013):

 

“Según Negru y Baban (2009), la satisfacción con la escuela se encuentra asociada con un incremento global de la salud y la satisfacción con la vida. Samdal, Dur y Freeman (2004) ponen de relieve que los estudiantes que informan de elevados niveles de satisfacción con la escuela, también informan de autoevaluaciones positivas y altos niveles de bienestar subjetivo. Por ello, de acuerdo con Oberle, Schonert-Reichl y Zumbo (2011), dado que el bienestar subjetivo ha sido identificado como un factor asociado con el crecimiento positivo, es importante incrementar la comprensión de la satisfacción con la vida en adolescentes porque permite a los investigadores relacionar el bienestar con características como el ajuste escolar, constructo que consiste en aspectos como logro académico, compromiso con la escuela, conducta pro social y relaciones positivas con los compañeros y profesores, tal como señalan Kiuru, Numi, Aunola y Salmela-Aro (2009).” (Gutiérrez, Gonçalves 2013:341)

 

Dicho de otro manera, durante la etapa escolar, los niños y jóvenes atraviesan por un proceso de desarrollo mental y cognitivo, y es de suma importancia que el ambiente en el cual se desenvuelven tenga un clima óptimo para su correcto proceso de maduración. Si fuera lo contrario, solo se impediría lograr un crecimiento cognoscitivo y social adecuado. Debido a esto se podría presumir que el bullying dentro de la escuela forma parte de uno de los problemas medulares del sistema educativo que influye en la expectativa de satisfacción en la vida.

 

Del mismo modo en que afecta los comportamientos de quien es víctima de bullying, la mala percepción de sí mismo en relación con los demás y su incapacidad de valorización personal son encontrados factores de riesgo en pensamientos suicidas[7]. Esto se suma a la pérdida de confianza en otras personas, lo que evidencia, en muchos casos, que el adolescente víctima no percibe ningún tipo de apoyo por parte de familiares ni amigos, aunque hayan tenido un intento de intervención en este fenómeno[8], lo cual propicia sentimientos de desolación el la víctima cuando el hostigamiento escolar alcanza límites. Esto se denota claramente en un estudio realizaron por Cano, Gutiérrez, Nizama (2009) en adolescentes escolares en una ciudad de la Amazonía peruana y se obtuvo datos que indican el 33,6% de los adolescentes muestra presentó pensamientos suicidas, el 21,1% pensó algunas vez en acaba con su vida y el 18,1% ya había intentado suicidarse. Estas cifras, si bien representan solo a los casos de ideación suicida en un sector específico de la ciudad de Pulcallpa en Perú, hacen presente que el bullying se encuentra en un porcentaje nada despreciable en los adolescentes peruanos, por lo que sugiere un gran riesgo dentro de las instituciones educativas debido a los alcances que tiene el bullying en la vida en un espectro de tiempo corto, mediano y largo plazo.

 

En síntesis, se concluye que la dinámica del bullying genera graves consecuencias psicológicas durante la etapa escolar a los adolescentes. Pero no solo para la víctima, como se suele creer, sino también para los agresores y los espectadores inmersos. i) En los abusados se producen sentimientos negativos, tales como temor, desprecio por sí mismos, inseguridad, entre otros. Los que siempre los colocarán en la situación de víctimas. ii) Los agresores aprenderán de la violencia una forma de obtener lo que desean y continuarán sus conductas matonescas, lo cual le traerá dificultad para establecer relaciones sociales saludables. iii) En los observadores se crean sentimientos de desinterés y falta de empatía, por lo que se mostraran indiferentes a distintas situaciones injustas. Estas consecuencias que se originaron por distintos factores en la vida de los adolescentes los acompañarán a lo largo de su vida y repercutirá en su correcto desenvolvimiento interpersonal.

 

Sin lugar a dudas, este trabajo conjunto tiene un gran valor, debido a la gravedad de este problema que está presente en nuestro país y se ha intensificado en los últimos años. Es imprescindible dar a conocer a las personas,  padres de familia y educadores en general, el gran problema que el bullying implica, la necesidad de la creación de normas de buena convivencia y políticas antiviolencia que sean acatadas por todo el  alumnado, ya que según se ha demostrado en la práctica, la intervención de las autoridades escolares frena el desarrollo del bullying hacia las víctimas de intimidación. Para que de esta manera se pueda reducir al mínimo las posibilidades de situaciones desfavorables en su vida académica y aumentar las probabilidades de que sea un sujeto proactivo en la sociedad.

 

En base a lo investigado, se puede plantear como hipótesis que las víctimas de bullying constante arrastrarán las consecuencias psicológicas producto del maltrato, dichos problemas que fueron adquiridos en su adolescencia y que repercuten en su correcto desarrollo como futuro ciudadano, en el núcleo familiar y en el de la sociedad, volviéndose tal vez un individuo receloso o una persona violenta. Concluida nuestra investigación, es necesario plantearse nuevas preguntas: i) ¿Cómo debería el Estado peruano implementar programas o normas específicas para frenar el bullying en las instituciones educativas en la actualidad? ii) ¿Cuáles serían las consecuencias para los hijos de padres que fueron víctimas de bullying durante la adolescencia?

 

[1] Cfr. Landázuri 2007:71

[2] Cfr. Cerezo 2010: 335-36

[3] Cfr. Hekademus 2009

[4] Cfr. Aguilar 2008

[5] Cfr. Hekademus 2009

[6]  Pertenece al Departamento de Psicología Evolutiva y Educación de la Facultad de Psicología en la Universidad de Valencia en España.

[7] Cfr. Joffre et al 2011:201

[8] Cfr. Joffre et al 2011:201

BIBLIOGRAFÍA

AGUILAR, Tomás (2007) Bullying. Factores de riesgo y consecuencias clínicas
(Fecha de consulta: 9 de noviembre de 2013) 

CASTRO, Jorge (2011) Acoso escolar, pp. 242-249. En: rev. Neuropsiquiatr,
vol.74, N° 2

CEREZO, Fuensanta (2001) Variables de personalidad asociadas en la dinámica
bullying (agresores versus víctimas) en niños y niñas de 10 a 15 años, pp. 37-43.
En: Anales de psicología, vol.17, N°1.

CEREZO, Fuensanta (2006) Violencia y victimización entre escolares. El bullying: estrategias de identificación y elementos para la intervención a través del Test Bull-S, pp. 333-352. En: Revista Electrónica de Investigación Psicoeducativa N°9, vol. 4, N°2.

JOFFRE, Víctor y otros (2011) Bullying en alumnos de secundaria. Características generales y factores asociados al riesgo, pp.193-202. En: boletín Médico del Hospital infantil de México, vol. 68, N°3

LANDÁZURI, Vivian (2007) Asociación entre el rol del agresor y el rol de la víctima de intimidación escolar, con la autoestima y las habilidades sociales de
adolescentes de un colegio particular mixto de lima, pp. 71-80. En: Rev. Psicol.
Herediana, vol. 2, N°2.

MELGAR, Mónica (2009) Identificación, reacción y prevención del acoso escolar, pp.38-47. En: Rev. Hekademus, vol. 2, N° 4. OLIVEROS, Miguel (2008) Violencia escolar (bullying) en colegios estatales de primaria en el Perú, pp. 215-220. En: Revista peruana de pediatría, vol.61, N°4.

OÑEDERRA, José (2008) Bullying: concepto, causas, consecuencias y estudios
epidemiológicos (Fecha de consulta: 9 de noviembre de 2013)

gracias por la informacion 


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El bullying NO un juego de niños