La educación emocional en los niños

¿Sabíais que la razón y la emoción van juntas de la mano? Si una no se sabe regular, la otra no aprende ni puede prestar atención. Descubrimos la importancia de la educación emocional en los jóvenes y niños.
Educación emocional

Distintos estudios han demostrado que nuestro sistema emocional es muy complejo y que existen más fibras neuronales en nuestro centro emocional del cerebro, que en los centros lógicos o de razón, lo que nos indica que la emoción a menudo determina nuestro comportamiento.

Este dato como muchos otros, nos lleva a pensar la importancia de valorar el trabajo emocional en la educación, ya que éste será quien permita potenciar habilidades de aprendizaje, memoria y atención.

Vivimos un cambio de paradigma: de lo meta-cognitivo a lo emocional.

La educación del siglo pasado era puramente meta-cognitiva, es decir, se evaluaba el funcionamiento de nuestra manera de aprender y comprender los resultados de una actividad y se sacaban conclusiones. La educación del siglo XXI es puramente emocional. Es cierto que ante este cambio, a menudo nos encontramos con dificultades y dudas de cómo gestionar nuestras propias emociones, de cómo debería ser y qué es lo mejor para la educación de nuestros hijos o alumnos.

¿Qué es la educación emocional?

La importancia de la educación emocionalLa educación emocional es una estrategia que tiene como objetivo principal mejorar la calidad de vida de las personas a partir del desarrollo de las habilidades emocionales, y para ello hay que enfocar este cambio como un cambio de mentalidad para aprender a manejar el tiempo y las emociones al mismo tiempo. A menudo dedicamos demasiado tiempo ante las pantallas o procurando ser los mejores en lo que hacemos, y en cambio nos olvidamos de las emociones, de cómo nos sentimos, de qué es lo que nos gusta o nos hace sentir bien… Se ha comprobado que prestar atención a nuestras emociones permite reforzar la autoestima, la capacidad de resiliencia y de comunicación.

Hay que reconocer que se trata de una dificultad con la que nos encontramos los adultos hoy en día y por eso nosotros mismos debemos aprender a transmitir a los más pequeños la importancia de la educación emocional.

¿Cómo transmitir la educación emocional?

A menudo oímos a padres o profesores decir que se sienten orgullosos de sus hijos por haber sacado una buena nota en lengua por ejemplo, sin embargo tendríamos que sentirnos igual de orgullosos si un niño ha sabido compartir, defender a otro niño, escucharlo, expresar cómo se siente o a pedir perdón.

Debemos plantearnos que tal vez estamos ante niños intelectualmente inteligentes, pero analfabetos emocionalmente hablando, y seguramente se trata de un reflejo de la actual situación del adulto hoy, ya que a menudo funcionamos bajo un nivel de exigencia y presión muy elevado que no nos permite prestar atención a nuestro estado emocional.

Muchas veces la causa del comportamiento de los niños es la no aceptación de la derrota, de la opinión del otro, la frustración o la impotencia ante un límite o una decisión impuesta. Esto les conduce a reaccionar de forma impulsiva que a menudo hace que no sientan bien de ello.

Ante esta realidad, el trabajo que se debe hacer desde casa y desde la escuela es ayudar al niño a nombrar y definir lo que le pasa sin negar ni culparle por lo que le sucede. De modo contrario se conseguiría que el niño se sienta ignorado, débil e inseguro con una reacción emocional agresiva.

Enseñar a entender las emociones

¿Qué hacer ante un comportamiento inadecuado?

Ante situaciones en que tu hij@ o alumn@ se comporte de manera inadecuada ya sea levantando la voz, insultando, golpeando… No es solución castigarle con lo que más le duele (sin ver la TV, sin jugar a un videojuego, sin salir con los amigos…), ni tampoco hacerle un discurso moral de lo que está bien  y lo que no desde una postura autoritaria. De este modo no damos lugar a que el niño desarrolle su conciencia, ni que haga un registro de sus emociones y mucho menos la de los demás.

En cambio, ante situaciones como ésta es aconsejable formular cuestiones que fomenten la reflexión y el nivel de conciencia en el niño o joven. Se les puede hacer preguntas como:

  • ¿qué te parece tu comportamiento?”,
  • ¿cómo crees que se siente la otra persona?”,
  • ¿qué es lo que te ha hecho enfadar tanto para reaccionar de éste modo?”,
  • ¿qué podemos hacer al respecto para que no se repita?”.

Así ayudamos a que el niño piense sobre lo que ha pasado, cómo se ha sentido, cómo ha hecho sentir a los demás, cuál ha sido la causa y cuál debe ser la consecuencia.

¿Crees que se trata de una reconversión total de la educación? ¡Déjanos tus comentarios!


Por:
Sara Avilés |  Lic. en Psicología. Col.  24750 COPC
Marina Martínez  |  Lic. en Psicología. Col.  24511 COPC

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